miércoles, 22 de junio de 2011

La Quemada

Conocida hoy como 5ta calle de Jesús María, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, sucedió este hecho, según nos cuenta la leyenda. A mediados del siglo XVI siendo virrey de la Nueva España Don Luis de Velasco, llegó a México un caballero: Don Gonzalo Espinosa de Guevara, con su hija Beatriz, trayendo grandes fortunas. Se dice que si grande era la riqueza de don Gonzalo, mayor era la hermosura de su hija, que también era muy bondadosa. Lógico es pensar que no le faltaron galanes que comenzaron a requerirla en amores. Hombres iban y venían, por fin llegó el caballero a quien el destino le había deparado: Don Martín de Scopoli, marqués de Piamonte y Franteschelo, quien comenzó a amarla con abierta locura. Fue tal el enamoramiento, que plantado a mitad de la calleja en donde estaba la casa de doña Beatriz, se oponía al paso de cualquier caballero que tratara de transitarla.

Muchas veces bajo la luz de la luna y frente al balcón de doña Beatriz, se cruzaron los aceros del marqués y otros transeúntes. Por la mañana cuando pasaba la ronda por esa calle, siempre se hallaba a un caballero muerto o herido, a causa de las heridas que le produjeran la hoja toledana del marqués de Piamonte.
Doña Beatriz se enteró de todos estos acontecimientos, llenándose de pena y angustia. Una noche después de rezar ante la imagen de Santa Lucía, que se sacó los ojos, en vez de pecar, tomó una terrible decisión para lograr que don Martín dejara de amarla para siempre. Arregló todos sus pendientes, despidió a toda la servidumbre y después de ver que su padre salía rumbo la Casa del Factor, llevó hasta su alcoba un brasero, colocó carbón y le puso fuego; cuando el calor del anafre se hizo intenso, sin dejar de invocar a Santa lucía, se arrodilló y clavo con decisión, su hermoso rostro contra el brasero. Doña Beatriz pegó un rito espantoso y cayó desmayada.

Un fraile mercedario, Fray Marcos de Jesús y Gracia, quien pasaba por ahí, escuchó el grito y entró corriendo a la casona. Doña Beatriz, que no mentía, le contó al fraile la verdad. El religioso fue en busca de Don Martín y le explicó lo sucedido, éste llegó inmediatamente a ver a su amada, y al descubrir el velo que cubría la cara de doña Beatriz, se arrodilló ante ella y le dijo: "Ah, Doña Beatriz, yo os amo no por vuestra belleza física, sino por vuestras cualidades morales." El llanto cortó estas palabras y ambos derramaron lágrimas de amor y de ternura.

La boda de Doña Beatriz y el Marqués de Piamonte se celebró en el Templo de la Profesa y a partir de entonces la calle fue llamada Calle de la Quemada.

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