jueves, 9 de junio de 2011

La leyenda de los Xocoyoles


Personas que vivieron hace mucho tiempo cuentan que había un hombre que no creía en la palabra de sus antepasados. Le contaban que cuando había una tormenta con truenos y relámpagos con ella aparecían unos niños llamados xocoyoles.
Los xocoyoles son aquellos niños que mueren al nacer o antes de ser bautizados. A estos niños les salen alas y aparecen sentados encima de algunos de los cerros y en algunos peñascos.
Hay quienes cuentan que esos pequeños niños hacían distintos trabajos: unos regaban agua con grandes cántaros para que lloviera sobre la tierra; otros hacían granizo y lo regaban como si fueran maicitos; otros hacían truenos y relámpagos con unos mecates. Por eso oímos esos ruidos tan fuertes y nos asustamos.
Pero el hombre no creía en esto. Un día, después de una gran tempestad, se fue, como acostumbraba hacerlo, a cortar leña a un cerro de ocotes. Y al llegar a este lugar, gran sorpresa se llevó al ver a un niño desnudo, que tenía dos alas, atorado en una rama de ocote.
El hombre se sorprendió, sobre todo cuando el niño le dijo lo siguiente:
- Si tú me das mi mecate que está tirado en el suelo, yo cortaré toda la leña que salga de este ocote por ti.
- ¿En verdad lo harás? - le preguntó el hombre.
- Sí, de verdad lo voy a hacer. - respondió el niño
Como pudo, fue uniendo varios palos para alcanzar el mecate. Al terminar puso el mecate en la punta y se lo dio a este pequeño niño. Cuando el niño tuvo el mecate en sus manos, le dijo al hombre que se fuera y regresara al día siguiente a recoger la leña que él iba a cortar. Esto fue lo que hizo el hombre, se fue y el xocoyol comenzó a hacer rayos y relámpagos. El ocote se rompió y enseguida se hizo leña. Cuando el niño terminó todo el trabajo se fue volando hacia el cielo a alcanzar a sus hermanos xocoyoles.
Al día siguiente el hombre llegó al bosque como había acordado con el niño y vio mucha leña amontonada; buscó al xocoyol y no lo encontró por ningún lado, ni siquiera un pequeño rastro de él pudo hallar.
A partir de ese día el hombre comenzó a creer lo que decían sus antepasados.

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